20 de abril de 2010

En el fondo de un cajón.

Dos bocas, guardadas en una caja pequeña.
Un cajón, con mil cosas gastadas que nadie vino a buscar;
y esa caja pequeña que cierra con cinta bebé.

Inquietas, pegoteadas, revoltosas, altivas, milagrosas

Hay dos bocas mudas en el fondo de un cajón sin  llave
Es el cajón guardián de los tesoros invisibles,
que por dentro encandila: algo brilla, debe ser.

Voladoras, absorbentes, cálidas, dulces, mimosas

Hay una boca roja al lado de otra boca roja
en un no-tiempo impredecible, en el fondo de un cajón.
Huele a chocolate en esa caja pequeña cerrada con cinta bebé

Ansiosas, inocentes, caprichosas, paganas, amorosas

8 de abril de 2010

Efímero existir

“Lo que no se dice no existe
Y somos lo que alguien más piensa”
Explicó, convencida, quien no se sabía escuchada
Y evidenció con ligereza lo fácil que es dejar de existir:
Es simple, silencio.
Como en una tormenta el miedo invadió todo.
Dudas. Vulnerabilidad absoluta.

Lo que sentimos no es más que eso,
Una impresión, una huella.
Frágil, a punto de caer en el olvido
¿Y si eso sucediera?
El silencio, el olvido, la petrificación
No es; no haber sido; no ser…

¿Qué pasaría si te dejara de soñar?

Alguien más lo haría después
Y volveríamos a sentir
A saber nuestra debilidad, a necesitarnos deseados
A ser instantes, paraísos pasajeros
Pedacitos de recuerdo que un día no estarán.

25 de marzo de 2010

Postales


Ahí estabas, solo, ignorando al mundo.







No necesitabas nada más; la rodeabas con el brazo, la pegabas a tu cuerpo con firmeza y con suavidad de terciopelo deslizabas de a uno tus dedos. La acariciabas. Y en cada caricia te entendías con ella como con nadie más. Entonces, cada segundo era único, mágico.
Tus ojos descansaban con disimulo y el placer de tu mirada hacia de sonrisa a tu cara mientras que tu boca murmuraba canciones que eran sólo para vos. Estabas tan ahí...
Te unías a la guitarra y desvanecías tu alrededor. Encontrabas en un acorde la felicidad que otros buscan toda la vida. La expresión más pura y transparente de lo que eras. No había miedos, ni tiempos, ni responsabilidades, ni nada más que la armonía absoluta de la música.

Y yo, ajena, disfrutaba en secreto de esas melodías como el regalo más especial. Siempre adoré esos momentos que no salían en ninguna foto... que eran sublimes... que eran sólo tuyos