Dejo hoy una canción que escuche siempre en boca de Jorge Marziali, un canta autor mendocino con letras tiernas y un folklore no tradicional bastante pegadizos. Se trata de uno de esos cantantes que casi no suenan en las radios, pero que hicieron un trabajo que vale la pena conocer. Creo que este tema es de los mejores que compuso, pero la idea del hombre pollo, y la manera de solucionar la diferencia, hacen que se me vengan a la cabeza varias imágenes cotidianas.
Invito a explorar otros temas suyos o a leer aunque sea la letra de este.
(Me hubiera gustado dejar el audio, pero mi analfabetismo en estas cosas no me lo permitió, invitado el que quiera a pasar aunque sea un link donde se pueda escuchar el tema, así se hace más entretenido)
El hombre pollo
(Sobre una historia imaginada por Nerio Tello)
Allá por el año mil
vivió un hombre que era un pollo
Los bracitos dos muñones
y las piernas como bollos
Chiquitito y desmirriado
unas plumas por el cuero
caminaba tranco ‘e pollo
con piecitos de tres dedos
Vivía en una jaulita
al cuidado de sus padres
que era unos campesinos
de allá del país de Gales,
gente de vacas y chanchos
pavos, pollos y maizales
Un obispo que pasó
vio en ese hombre al pecado
y lo encerró en un convento
pa’ mantenerlo alejado
Pero por casualidad
un mendicante piadoso
se enteró de la existencia
de aquel hombre que era un pollo
Y de inmediato salió
A comentar por el pueblo:
“tanto amor por la riqueza
y el corazón tan pequeño;
así van a quedar todos
es el hombre que seremos…”
Los obispos no quisieron
discutir sobre esta historia
y ordenaron que al piadoso
lo mandaran pa’ la horca.
Terminó como otros muchos
incomprendidos y ausentes
Y “a otra cosa mariposa”
que es como dice la gente
Y ya nunca más se habló
de aquel hombre que era un pollo
Unos dicen que murió
encerrado, enfermo y solo
en lo oscuro de un convento
sin plumas y sin rezongos
Hace poco apareció
un versado historiador
que anduvo estudiando el tema
con paciencia y con rigor
-este es un caso testigo
dijo-, pa’ todos los que estudiamos
un hombre pollo no es pollo
es pollo, pero es humano
y descifró unas palabras
escritas por el piadoso
antes de irse pa’ la horca
tan incomprendido y solo
y ahora les voy a contar
lo que decía en el rollo:
lo escrito decía así:
“piedad para este hombre pollo
porque así serán los hombres
que vengan tras de nosotros”
“sin manos, pues no habrá nada
que construir más adelante,
Sin cerebro, ¿para qué?
si pensar de nada vale”
“Sólo les pido piedad
para este hombre que está enfermo
es la especie del mañana
es el hombre que seremos”
Y vayan con Dios, paisanos,
buenas noches, hasta más vernos..
17 de noviembre de 2009
26 de octubre de 2009
El arte de la imprecisión

Era un experto en el maquiavélico arte de la imprecisión. Su capacidad para generar incertidumbre era admirable, incluso en momentos de decisiones impostergables lograba eludir el compromiso de una afirmación llana y concreta. Lo sorprendente era que, a pesar de la reiteración del recurso, lograba mantener la expectativa.
No puede negarse que se trataba de una persona con mucha inteligencia, con habilidad para manejar situaciones y manipular conversaciones. Sin necesidad de recurrir a mentiras o promesas sin fondo conseguía hablar sin decir nada. Hacer con palabras el más absoluto de los silencios. No es tampoco que tuviera malas intenciones, simplemente se sentía incapaz de sostener verdades.
Quizá era la simpatía que engalanaba sus relaciones o la creatividad que camuflaba sus evasivas o sus hipnotizantes ojos miel, lo cierto es que había algo que sostenía su constante inconsistencia en el tiempo. Pues no hay, sino, otra forma de explicar la insistencia del resto en dialogar con el.
La más perjudicada con los inocentes escapismos cotidianos que toleraba de su parte era Ella. Una chica demasiado racional, que contaba con la soberbia suficiente como para creerse que recibiría un trato distinto. Una y otra vez intentaba inconscientemente conseguir respuestas consistentes. Una y otra vez, se encontraba repasando cada palabra del encuentro, sacado la cuenta de las diferentes interpretaciones que podía dársele a cada frase. Por alguna razón seguía sorprendiéndola su propia incapacidad para lograr una contestación segura sobre cualquier tema.
Cansada de la inestabilidad que produce el no entendimiento, se despidió en silencio de quien había escuchado tantas veces en su cabeza. Conservaba el orgullo necesario como para buscar a alguien que estuviera dispuesto a darle un trato especial. Sin demostrar demasiado lo que sentía mientras hacía el duelo, comenzó a acompañar el silencio. Él, aturdido por su liviana verborragia no supo entender que se alejaba. No reconoció la pérdida hasta que la vio materializada.
Ahí, cuando necesitó la seguridad que él nunca había dado, cuando experimentó el desconsuelo que genera la especulación sin bases sólidas y no encontró preguntas que evadir, necesitó respuestas. Entonces tomó el lugar que nunca había ocupado, esperaba de Ella las contestaciones que él era incapaz de dar. ¿Qué onda vos conmigo? ¿Somos “nosotros”? ¿Qué soy para vos? Ella lo miró con amor, se identificó en su vacío, pero creyó inútil esperar de él cosas que no sabía dar. Con sutileza esbozó un par de palabras que no podrían nunca convertirse en una oración, lo abrazó con sinceridad y con el aire nostálgico que generan las despedidas definitivas prometió una conversación a futuro.
Después hablamos cuando hablamos, le dijo; y caminó con seguridad hacia el otro lado. Así… se fue, sin pensar en las preguntas que ya no haría, que ya no importaban; de nuevo sintió el vacío típico de cada encuentro, pero por primera vez tuvo una seguridad: ya no era más que Ella, no había nada…
No puede negarse que se trataba de una persona con mucha inteligencia, con habilidad para manejar situaciones y manipular conversaciones. Sin necesidad de recurrir a mentiras o promesas sin fondo conseguía hablar sin decir nada. Hacer con palabras el más absoluto de los silencios. No es tampoco que tuviera malas intenciones, simplemente se sentía incapaz de sostener verdades.
Quizá era la simpatía que engalanaba sus relaciones o la creatividad que camuflaba sus evasivas o sus hipnotizantes ojos miel, lo cierto es que había algo que sostenía su constante inconsistencia en el tiempo. Pues no hay, sino, otra forma de explicar la insistencia del resto en dialogar con el.
La más perjudicada con los inocentes escapismos cotidianos que toleraba de su parte era Ella. Una chica demasiado racional, que contaba con la soberbia suficiente como para creerse que recibiría un trato distinto. Una y otra vez intentaba inconscientemente conseguir respuestas consistentes. Una y otra vez, se encontraba repasando cada palabra del encuentro, sacado la cuenta de las diferentes interpretaciones que podía dársele a cada frase. Por alguna razón seguía sorprendiéndola su propia incapacidad para lograr una contestación segura sobre cualquier tema.
Cansada de la inestabilidad que produce el no entendimiento, se despidió en silencio de quien había escuchado tantas veces en su cabeza. Conservaba el orgullo necesario como para buscar a alguien que estuviera dispuesto a darle un trato especial. Sin demostrar demasiado lo que sentía mientras hacía el duelo, comenzó a acompañar el silencio. Él, aturdido por su liviana verborragia no supo entender que se alejaba. No reconoció la pérdida hasta que la vio materializada.
Ahí, cuando necesitó la seguridad que él nunca había dado, cuando experimentó el desconsuelo que genera la especulación sin bases sólidas y no encontró preguntas que evadir, necesitó respuestas. Entonces tomó el lugar que nunca había ocupado, esperaba de Ella las contestaciones que él era incapaz de dar. ¿Qué onda vos conmigo? ¿Somos “nosotros”? ¿Qué soy para vos? Ella lo miró con amor, se identificó en su vacío, pero creyó inútil esperar de él cosas que no sabía dar. Con sutileza esbozó un par de palabras que no podrían nunca convertirse en una oración, lo abrazó con sinceridad y con el aire nostálgico que generan las despedidas definitivas prometió una conversación a futuro.
Después hablamos cuando hablamos, le dijo; y caminó con seguridad hacia el otro lado. Así… se fue, sin pensar en las preguntas que ya no haría, que ya no importaban; de nuevo sintió el vacío típico de cada encuentro, pero por primera vez tuvo una seguridad: ya no era más que Ella, no había nada…
30 de septiembre de 2009
Más que tierra y viento

El viento derriba
puertas y ventanas inválidas.
La tierra acomoda
Autopistas y edificios sinsentido
Y las ideas…
Enmarañadas en el inestable vaivén de los discursos
Se ubican silenciosas en cada espacio
Allí permanecen. FUERTES
Eclosionan con otras
y miles de soldados
mueren en su nombre,
las salvaguardan.
Por más insulsas que parezcan
trascienden existencias;
místicamente se perpetúan…
Construyen – Deconstruyen – Reconstruyen
Y nosotros: ínfimos,
el eslabón más frágil y soberbio
enfrentamos al viento, la tierra
Y las ideas
puertas y ventanas inválidas.
La tierra acomoda
Autopistas y edificios sinsentido
Y las ideas…
Enmarañadas en el inestable vaivén de los discursos
Se ubican silenciosas en cada espacio
Allí permanecen. FUERTES
Eclosionan con otras
y miles de soldados
mueren en su nombre,
las salvaguardan.
Por más insulsas que parezcan
trascienden existencias;
místicamente se perpetúan…
Construyen – Deconstruyen – Reconstruyen
Y nosotros: ínfimos,
el eslabón más frágil y soberbio
enfrentamos al viento, la tierra
Y las ideas
Suscribirse a:
Entradas (Atom)